Una mañana en la oficina

Una mañana en la oficinaUna mañana en la oficina. El sol entra por las ventanas y va apagando, una tras otra, las lámparas de la iluminación inteligente del edificio, como las velas de una tarta de cumpleaños. Un rayo de ese mismo sol refleja en la pantalla del ordenador y le deslumbra sacándole de su ensimismamiento. Piensa que se hace tarde, y como en lo que va de mañana no es la primera vez que lo ha pensado, decide calmar su ansiedad con un rato de cháchara. En la máquina de café charla sobre aviones, del miedo a volar, de la muda que siempre hay que llevar en el equipaje de mano, ya sabes, por lo que pueda pasar. Ofrece, desde su experiencia, un par de opiniones sobre el impacto que tendrán las nuevas tecnologías en los procesos de creación de la opinión pública (la escena se desarrolla en la cúspide de la burbuja.com y ningún gurú ha sido aún capaz de anticipar la dimensión que alcanzarán las redes sociales en el futuro inmediato). De futbol no habla, no le interesa, le aburre una barbaridad. Y masculla una despedida y regresa a su despacho. La pantalla del ordenador es un puro incendio, así que baja las persianas. Ya no es tarde, ahora es tardísimo, esa dimensión administrativa en la que solo los más veteranos y avezados de la casa logran desenvolverse con ciertas garantías de éxito. Por eso, antes de volver al ordenador realiza varios estiramientos de cuello y un par de respiraciones profundas. Ya está ante el teclado, aunque aún ha de reprimir unas repentinas ganas de orinar. «Vale ya», se dice, y abre el documento en el que viene trabajando, se trata de una tabla con cinco columnas: una titulada “fecha”, la segunda “nombre”, la tercera “profesión y cargo”, la cuarta “localidad y lugar” y la quinta “observaciones”. Revisa el contenido de la tabla con detenimiento, el rango de fechas (la primera corresponde al 24 de noviembre de 1975, la última es la del domingo anterior, 4 de junio de 2000), coteja los datos que incorporó ayer a última hora con la información que figura en una libreta que ha sacado del bolsillo interior de la chaqueta; se le ve dudar, traspira, modifica una fecha, añade un par de observaciones en la columna correspondiente, se lleva las manos a la cara, vuelve a la libreta… Por fin, da un respingo e imprime el documento.

El asesor de prensa sostiene entre sus manos un listado con 747 personas asesinadas.

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7 pensamientos en “Una mañana en la oficina

    • Pues sí, es posible que el horror necesite de la rutina para asentarse, nos acostumbramos a él, forma parte de nestro paisaje cotidiano, ya casi ni se le siente… Celebro que celebres. Un abrazo!

  1. Pingback: Una mañana en la oficina — ¿escribes o trabajas? – Mi Gusto Es

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