La caja

La caja

Imagen obtenida del Confidencial.com

Después de comer le gusta quedarse dormida con un libro entre las manos, lo hace siempre que puede. Y como hoy es domingo, esos dos golpes, rápidos y secos, la cogen dormitando, de manera que necesitará un tiempo para comprender que han llamado a la puerta y que deberá ir a abrir. «Quién será», piensa de forma maquinal mientras se compone la ropa y el pelo.

En el descansillo no ve a nadie. Y justo cuando está a punto de cerrar la puerta, baja los ojos y descubre una caja en el felpudo. La reconoce al instante. Y el corazón se le sube a la garganta, la asfixia, pero unos segundos después regresa al pecho y ahí se queda, botando como una pelota. No puede creerlo: tantos meses rogando y rogando, y por fin, cuando ya había perdido toda esperanza, él accede y le concede la libertad. Está a sus pies, tan solo ha de recogerla. Las lágrimas desbordan sus ojos al inclinarse y resbalan por su rostro. Son lágrimas de alivio, de pura felicidad.

 

Ha pedido un gin-tonic corto de ginebra y se ha sentado en una de las mesas con vistas a la calle. Pensativo, va dando pequeños tientos al gin-tonic. Tanto tiempo suplicando que le entregue la prueba que la exculparía…. Seguro que al ver la caja se ha puesto a llorar como una boba, y es que la conozco como si la hubiera parido. Desde luego, si cree que va a poder librarse de mí es que es más tonta de lo que yo creía, concluye.

Y entonces la imagina en la cocina. Lleva la llave colgada del cuello con un cordón de cuero negro, abre el candado con manos trémulas, dentro de la caja encuentra el sobre, saca el papel y, con solo abrirlo, ya sabe que no es lo que esperaba encontrar y comienza a hipar de puro miedo. E imagina su miedo y le brillan los ojos y sus labios esbozan una sonrisa aviesa. Pues ha destruido la prueba y, en su lugar, ha puesto una retahíla de amenazas que está dispuesto a cumplir una tras otra, sin ahorrarse ninguna.

Por favor, póngame otro gin-tonic corto de ginebra, dice levantando la mano para atraer la atención del camarero. Y se vuelve hacia la calle. La vista clavada en el portal de la casa de su exmujer.

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10 pensamientos en “La caja

  1. La violencia del relato es contenida, y está contenida. En la caja. La caja es la cifra, un tanto misteriosa para el lector, amenazadora o esperanzadora para los personajes, y el reflejo de una dramática, cuando no trágica, vivencia por desgracia muy frecuente. Un buen relato, Álvaro. Un saludo y buen día.

  2. Aterra mucho por el simple hecho de que podría ser la vida real. Muy bien escrito, te crea la angustia de la pobre mujer y la rabia hacia ese retorcido ¿hombre?, No, no puede llamaré así, mejor ser que no debería ser.
    Aquí un nuevo seguidor. Saludos

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