La montaña y la espera

La montaña y la espera

Por fin me decido, abandono el saco y salgo de la tienda. Fuera, el frío traspasa la ropa y se pega a la piel como un lodo gélido y seco. Y bajo la mirada y sobresaliendo del doble techo de la tienda advierto la cascara del plátano que comí antes de dormir; la recojo y se me quiebra entre los dedos como una rama seca, tanto frío hace.

Los primeros rayos iluminan ya las crestas más altas y han comenzado a resbalar por los ventisqueros que se precipitan montaña abajo. Llevo un buen rato observando el lento progreso del sol por esas canales heladas, sin perderme ni un solo instante de ese avance. Lo cierto es que me tiene hechizado.

De pronto, la luz explosiona sobre las paredes de la montaña. Y sus crestas, las salidas de los corredores y chimeneas, las cúspides de los más altos espolones son un puro incendio ahora. Tanta intensidad, esta súbita explosión…; diríase que la luz irradia del interior de la propia montaña y no del sol que sin duda habrá ya superado los picos que se alzan a mi espalda. Y me giro, y los rayos del sol me deslumbran.

Me vuelvo y busco la línea de luz que venía siguiendo. Ahí va, montaña abajo. Pronto alcanzará la morrena y, cuando lo haga, continuará su descenso de peña en peña, como una cabra montesa. Definitivamente, estoy fascinado. Y también aterido por este frío glacial que no hace sino acentuarse en contraste con la promesa que se aproxima, lenta e imparable.

E imagino el roce del sol sobre la montaña. A su paso, los líquenes que cubren las rocas se van liberando del hielo que los aprisiona, y los tallos de las plantas repuntan hacia la luz y se enderezan, y los hilillos de agua comienzan a entonar su canción matutina, y hasta las marmotas asoman sus hocicos para olisquear el aire que habrá comenzado a caldear. La vida renace y se despereza.

Junto a la tienda. De cara a la montaña. A cada segundo. El sol renueva su promesa de vida y calor y la vuelve más y más deseable.

Ya no aguanto más y echo a correr pedrera arriba al encuentro del sol.

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10 pensamientos en “La montaña y la espera

  1. Muy bueno, Álvaro. He disfrutado lo que describes (hace ya tiempo que no pero espero volver a hacerlo) y lo he revivido, cada imagen y cada sensación.
    Me ha encantado el detalle de la piel de plátano.
    ¡Buen día!

    • Hola Luna, seguro que vuelves a plantar una tienda de campaña y a sacar la cabeza por la puerta para otear el panorama. Lo de la piel de plátano fue tal cual; ese día hacía tanto frío que se había congelado y parecía un trozo de corteza de árbol. Un saludo!!

  2. Madre mía, Álvaro: he terminado de leer el relato y ¡me he descubierto agitando las manos como una posesa para devolver a los dedos la circulación cortada por el frío! ¿Cómo no sentirte frágil como un bebé ante esa inmensidad? Voy a pecar de cursi, pero no puedo evitarlo: solo alguien capaz de vivir la dulce espera con la pasión con la que tu lo haces puede describirla con tal maestría. Chapó, compañero.

    • Muchas gracias por el elogio. Y como estamos en confianza te contaré un secreto. El relato recrea una espera real, con su cascara de plátano y todo. La única licencia que me he tomado reside precisamente en la espera. No sabes las ganas que tenía de que el sol llegará de una vez al vallecito en el que tenía plantada la tienda; creo que hasta corrí hacia él para acortar la espera. Ya sabes, la literatura tiene estas cosas. Un abrazo!!!

    • Bueno, eso puede deberse a diversos factores. Uno, el motivo que nos mueve a la hora de contar algo (en mi caso es literario, lo intento al menos), otro, el valor que le otorgamos a las montañas (hay personas que ven en ellas retos a superar, otras vemos cosas diferentes; por cierto, creo que se puede escribir algo sobre los distintos valores que le otorgamos a la montaña), etc. Yo subo al monte y cuento lo que me sucede y siento. Y aunque en ocasiones lo adorne, intento ser fiel.
      Creo que no te descubro nada si te digo que amo la montaña, pero no la montaña como idea, esa no me interesa. Amo subir al monte. Amo las agujetas.

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