La montaña y el horizonte

La montaña y el horizonte

Canción de amor:

El país de donde vengo es muy pequeño. Por eso, las montañas, para poder elevarse sobre sí mismas, tienen que disputarse un trozo de espacio. Y es tan pequeño ese espacio, y es tan grande ese afán por ocupar su lugar, que, de la batalla, resulta un gran amontonamiento de valles encajonados entre montañas.

Pero claro, el horizonte no se conforma con ser solo montaña y cielo recortado entre montañas. Y vanidoso como es, ha puesto en nuestras almas el deseo de ascender hasta lo más alto, para así poder ser contemplado en toda su grandeza y vastedad.

Y aunque sea una gran majadería otorgar sentimientos y deseos a montañas y horizontes, creerme si os digo que nunca se han visto montes tan concurridos como los que se alzan en la esquina del norte donde nací.

Maite ditut                                          Amo nuestros paisajes
maite                                                    cuando la niebla
gure bazterrak                                   me los esconde.
lanbroak                                              ¿Qué es lo que oculta
izkutatzen dizkidanean.                   cuando no me deja ver?,
Zer izkutatzen duen                         entonces comienzo a ver
ez didanean ikusten uzten,             lo escondido…
orduan hasten bainaiz                      los paisajes maravillosos
izkutukoa…                                        que se iluminan en mí.
nire baitan bizten diren
bazter miresgarriak
ikusten.
Mikel Laboa sobre un poema de Joxean Artze

Foto obtenida en verfotos.org

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21 pensamientos en “La montaña y el horizonte

  1. Álvaro, tu descripción me ha llegado hasta lo más hondo, y la he sentido mía.
    Además has puesto una de mis canciones favoritas 🙂 Me ha encantado.
    Anda rondándome la idea de hacer entradas, cortas, sobre música vasca, ver lo bonito que te ha quedado me acaba de animar del todo.
    Besarkada haundi bat!

    • Me anime a publicarlo cuando el miércoles pasado (el día de todos los santos) subí al Txindoki; estaba hasta arriba de gente. Y no sabes lo que me alegra que este pequeño escrito pueda animarte en tu proyecto. Aurrera Luna. Besarkada bat

      • Oh, me encanta el Txindoki, de niña subía todos los años, por el repetidor y bajábamos por el camino. ¿Sabes la cruz que hay unos metros arista abajo desde la cumbre? La pusieron mi padre y sus amigos hace muchísimos años, por una amiga que murió despeñada. No estoy de acuerdo con ese tipo de cosas en los montes, pero esta en concreto me trae recuerdos. La última vez subí con mi hija mayor cuando tenía 3 años. Y la última vez que lo intenté me hice un esguince a los 15 minutos y vuelta cojeando.
        Vaya chapa gratuita que te he soltado…

      • Cuando mi aita no tendría ni 30 años, la chica se durmió y al intentar alcanzarles por la arista le cayó una piedra.
        Un año un rayo la arrancó y fuimos el fin de semana, subimos sábado y domingo para arreglarla. Bueno, yo subía como mucho las flores y contaba mariquitas mientras los adultos trabajaban. Ese monte está muy ligado a mi infancia. Y el Gorbea, cómo no, pero me gusta más el Txindoki 🙂
        Otro brazo.

  2. He leído tu canción de amor con la música de Mikel Laboa de fondo y me ha dejado el ánimo morriñoso (quizás sea porque cuando miro por la ventana de la habitación en la que trabajo no veo más que edificios recortados contra el cielo gris). Debe ser cosa de los años, pero cada vez echo más de menos una de esas esquinitas encajonada entre montañas. Tengo unos amigos gallegos -a los que visito en verano- que han instalado una ristra de sillones, cómodos y destartalados, en el porche de su casa. Enfrente, justo enfrente, se amontonan esos viejos montes gallegos, redondeados y melancólicos, en los que todavía ves pastar los caballos salvajes. Sentado allí, con las piernas estiradas y un chupito de orujo entre las manos, te sientes feliz con la vida que te ha tocado vivir. Me ha encantado, compañero.

    • Así es. El norte de la península, la cornisa cantábrica, es una sucesión de valles tallados por ríos de corto recorrido y profundo aliento.

      Siempre he creído (con esa forma de creer que casi ni creer puede) que el paisaje condiciona el carácter de un pueblo (así, como colectivo; luego cada cual es responsable de su propio humor, o eso debiera procurar). Y si la gente del norte tenemos fama de ser un poco taciturnos y reservados (ya digo, hablando así en general, sin particularizar), alguna influencia tendrán estos paisajes recogidos entre montañas. Que sales a la calle y tienes un monte delante de tus narices. Y si quieres cambiar de paisaje, pues te caben dos opciones: o cambias de valle, lo cual tampoco te reportará demasiado cambio, o te subes a la punta del monte y ensanchas la mirada.

      Lo de tus amigos gallegos me recuerda a una canción de Ruper Ordorika titulada “Giltz gordea” (La llave secreta) la cual, en una de sus estrofas, dice: “¿Dónde estará la clave de cada momento?, la arena que cae grano a grano es la medida de la vida”. “Quieto. Estoy quieto observando el musgo, las campanas suenan cada vez más lejanas…”.

      Y lo del padre de Luna es una pasada. Y ves: el mundo (el digital especialmente) acaba juntándonos.
      Un abrazo compañera.

  3. Han de ser paisajes-esos tuyos- a los que merece la pena subir por lo que señalas: las sensaciones y la perspectiva. Esos instantes son super valorables pasado el tiempo. Yo los míos – sobretodo los de alrededor- los tengo la mayoría recorridos y te puedo asegurar que sí, que a veces he sentido como la naturaleza me hablaba y yo tan contenta…luego mola escribir sobre eso como tú haces.

    Respecto a lo que le comentas a Carmen, perdona que me entrometa, pero creo que llevas razón en eso de que el paisaje condiciona los pueblos…cuando la fuerza de la naturaleza es tal y el pueblo es consciente de su valor, se hace a ella en una simbiosis perfecta y bella. Lo he comprobado muchas veces en pueblecitos de la sierra, pero este verano, en la Toba, con más claridad que en ninguno. Es una aldea que me encandiló en cierta forma por el lugar tan alucinante en el que estaba enclavada, podrían escribirse historias mágicas sobre un lugar así.

    Un abrazo, Alvaro.

    • Lo esencial es saber ver, no todo el mundo vemos lo mismo ni de la misma manera (algunos ni miran siquiera). Y mira Mukali si no me habrá importado que tercies en la conversación con Carmen que lo agradezco. Toba y la sierra del Segura tienen muy buena pinta; muy diferentes a nuestras montañas y por eso tan apetecibles. ¿Tal vez para la próxima primavera? Pudiera ser.
      Una abrazo, Mukali

  4. ¡Qué bonita descripción del paisaje vasco!
    Hace unos años me recluí (es un decir) durante diez días en un balneario -¿o era lugar de oración?- perdido en el Valle de Karrantza. La primera noche éramos dos las personas hospedadas. La otra, un hombre fornido de mediana edad, parecía ser cliente habitual del balneario.
    Nos sirvieron la cena en la misma mesa y pude observar que se trataba de una persona algo rara ya que pasaba del mutismo a la euforia en cuestión de segundos. Más tarde supe que era un sacerdote con crisis de identidad. Poco apoco fueron llegando algunos clientes, habituales en su mayoría, y como no éramos muchos –seguramente por la inclemencia del tiempo- nos integramos todos en un grupo: jugábamos a las cartas, al dominó y hacíamos alguna que otra salida a lugares interesantes cuando el tiempo lo permitía: uno de ellos, Balmaseda.
    Aunque el tiempo era lluvioso y por la zona no había ningún medio de transporte, no por ello dejé de realizar mis salidas en solitario para inspeccionar los alrededores: subí montañas, bajé hondonadas, descubrí caseríos perdidos… No es cuento. Me llamó la atención una vivienda alejada del mundanal ruido en la que sólo vivía un hombre mayor rodeado de gallinas. Le pedí que reuniese todos los huevos que pudiese para traérmelos a Madrid. Juntó tres docenas. Quería regalarme un gato. No lo acepté. Pero el animalito me siguió como un perro fiel y no había manera de deshacerme de él…Me pregunto si le atraería el olor de las bolsas con los huevos…No quiero meterme en pormenores porque me estoy extendiendo demasiado. Guardo vídeos del episodio.
    Lo que no me gustaba era transitar por carreteras sin arcén: se pasaba fatal cuando te cruzabas con coches o con los frecuentes pelotones de ciclistas.
    Me he extendido mucho y me ha quedado todo por decir. Perdón. Sólo expresar mi admiración por ese abrupto y hermoso paisaje y sus gentes. Me encantó la experiencia y me gustaría volver al mismo lugar.
    Escribo a marchas forzadas porque vienen a recogerme en unos minutos. Abrazos.

    • Me ha gustado que te hayas extendido; pero qué digo gustado, me ha emocionado, de verdad, te lo agradezco. Yo soy de Balmaseda y mis primeros pasos de montaña los di por Karrantza, por los cercanos montes de la Sia (Cantabria) y por los del norte de Burgos (Valle de Mena, Espinosa…); un auténtico paraíso de cuevas, paredes, arroyos, bosques y rincones…
      El Balneario al que te refieres es el de Los Palotinos, pues de esta orden eran los sacerdotes que lo regentaban (ya no, ahora lo lleva una empresa del ramo). Quienes lo frecuentaron (yo nunca lo hice, estaba demasiado cerca de casa) hablan de que se cantaba después de las comidas y cenas y que se creaba un clima de camarería entre los huéspedes, tal y como tú describes.
      Y esa historia que cuentas, la del hombre que vivía aislado rodeado de gallinas y que te vendió los huevos y quiso regalarte un gato, es muy hermosa. A mí me han querido vender, y no una ni dos, sino varias veces, alguna cabaña. Me han querido despistar para que no pudiera encontrar la cueva por la que preguntaba (algún día escribiré algo al respecto), me han cobijado cuando una vez llegue en plena noche aterido de frío, me han hablado de sus vacas, me han mirado como si fuera un marciano cuando les decía que estaba escribiendo una novela ambientada en sus montañas y que quería saber cosas de su vida… Mis amigos dicen que les idealizo, cuando les aseguro que esa gente ha sabido mantener erguida la postura ante la intemperie (y no por mérito, sino por pura supervivencia). Y aunque el tiempo ha ido pasando, y con él, el progreso se haya filtrado por todos los rincones de estas montañas, aún perduran algunos (pocos, es verdad) aferrados a sus caseríos y cabañas.
      Si un día vuelves por estos montes; quien sabe, a lo mejor nos cruzamos por algún camino.
      Un gran abrazo.

  5. He estado buscando fotos y vídeos de mi estancia en el Balneario Casa Pallotti y, como soy un desastre organizando carpetas en el ordenador, no logré dar con ellos. Pero tienes razón: el último día cantamos la intemerata al despedirnos. Una de las canciones que tengo grabadas es «Adios con el corazón».
    No te digo… Irme a la cama después de las 2h, es mi signo. Buenas noches.

  6. Pingback: Música: Mikel Laboa *1 – Luna Paniagua

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