Mañana me largo

manana-me-largoHace días que no salimos de este lodazal inmundo y créeme si te digo que la flora de mis pies nada tiene que envidiar a la del mejor intestino grueso. Pero se acabó. Mañana mismo cojo uno de esos aviones biplaza y me largo de aquí. Me tientan los desiertos de la tierra. El Sahara sin ir más lejos. Dios, me muero por cruzar el desierto del Sahara y alcanzar la presa de Asuan. ¿Puedes imaginarlo?: sentarte sobre uno de sus enormes aliviaderos con las piernas bien estiradas para que el sol de la justicia divina caliente tus pies. Sueño con el ronroneo del aire acondicionado y con bebidas frías, con sombreros de ala ancha y con la sombra de los parasoles. Sí, no pongas esa cara. Mañana mismo abandono esta trinchera. Alquilaré una jaima, la plantaré al pie de un mar de dunas y saldré todos los días a pasear descalzo sobre la arena incandescente, las partículas doradas rodando entre los dedos de mis pies, su áspera y ardiente caricia, el calor, el fuego, el aire seco y abrasador, litros y litros de té azucarado y caliente corriendo por mis venas… Dios. Me lo imagino y siento como se me eriza el vello de los brazos bajo las mangas mugrientas y húmedas del capote. Me voy. No aguanto ni un día más en esta apestosa trinchera. Embarcaré en uno de esos cruceros que navegan los mares, ya sabes: camarotes espaciosos y luminosos, todos equipadísimos y muy limpios, piscinas, jacuzzis, gimnasios, espectáculos de todo tipo, combinados multicolores a toda pastilla, cenas de gala, pistas de baile, amaneceres dorados y puestas de sol resplandecientes, la suave brisa marina, la hostia en verso… O mejor. Cogeré un avión transatlántico y me plantaré en la Argentina. Una vez allí, echaré a andar entre el polvo y las piedras desnudas, entre arbustos y matas espinosas, siempre hacia el oeste, sin perder el rumbo, a cada paso más y más lejos de la Pampa húmeda, y cuando me encuentre frente a los Andes, los cruzaré en uno de esos aviones que flirtean con las cimas de los nevados. Dios del cielo, ¿te lo imaginas?: el norte grande de Chile, su gran desierto de Atacama, tierra de promisión, sin un puto charco a la vista, siempre en camino, siempre en busca del amor ardiente, recolectando a manos llenas la felicidad cálida y dorada que pende de las ramas de los árboles de secano. Puedes jurarlo. Las balas que silben mañana ya no lo harán para mí. Mañana mismo me largo.

Desertores de todos los ejércitos. Desertores de todas las contiendas.

Desertores de la obediencia ciega y de la única verdad. Desertores de la mentira por montera y del cinismo por montera. Desertores de la superioridad moral y de la relatividad moral. Desertores de cualquier religión. Desertores de cualquier patria.

Desertores por amor. Desertores por vocación. Desertores por cobardía manifiesta. Desertores por hambre, frío o calor. Desertores por tierra, mar y aire. Desertores porque sí y porque no. Desertores por error. Desertores por sistema.

Desertores compulsivos. Desertores ilustrados. Desertores sin estudios. Desertores extraordinarios. Simples desertores…

Yo os celebro y os abro el corazón (Solo quien piensa, deserta).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s