Sobre mí

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMe llamo Alvaro, y me gusta escribir. Y eso que me cuesta bastante. También me cuesta asumir lo que escribo, aunque casi siempre termino por hacerlo. Y no solo eso. Encima, voy y lo público. ¡A positivar!, me digo como un Ed Wood cualquiera… Y me da vergüenza que me leas y, sin embargo, deseo que lo hagas. Ojalá te guste lo que escribo.

Y ahora te contaré de qué va esto de “escribes o trabajas”.

Pues verás, es lo que parece. Es una pregunta que plantea dos posibles respuestas excluyentes entre sí. O dicho de otra manera, es una mosca cojonera que cada dos por tres te señala la línea y te cuenta el chiste ese de las Setas y los Rolex –¿lo conoces?; si te digo la verdad, nunca me ha hecho demasiada gracia–. Y es que, para el noventa y nueve por ciento de la gente que nos gusta escribir, una cosa es “escribir” y otra muy diferente es “trabajar”. Son las cosas de esta economía que nos domina de noche y de día.

La preguntita de marras me viene persiguiendo desde hace años, exactamente desde que me bajé del curro y, en vez de irme al monte, me sorprendí escribiendo mi primera novela –se titula “Si viéramos con los ojos” –. Luego le cogí el gusto a escribir –¿o a dejar el curro?; es la preguntita y sus gracietas– y escribí “Nadie. Nunca. Nada”. Luego llegó “Constantin” y, más adelante, “La huella y la pisada

Además escribo cuentos y los voy dejando en este sitio y en otro sitio que comparto con mi amiga Toñi y que se llama “El folio en blanco

Ya digo: ojalá te guste lo que escribo.

Agur.

10 pensamientos en “Sobre mí

  1. Una tarde de esas en las que nada te urge y tienes tiempo para surcar la web leí una entrada dedicada a un teniendo general en la reserva, que se recuece en su propio sudor, pendiente del paso perezoso de los segundos. Como no tenía a nadie con quien comentarlo, me dije a mí misma: «solo por este cuentecillo merece leer todo lo que escriba este escritor». La novela de Constantin me reafirma en esa creencia. Estos últimos días he tenido poco tiempo para lecturas que no estuviesen relacionadas con el trabajo, pero me las he apañado para leer unas páginas de un libro que se me ha hecho demasiado corto. Un libro dulce, como narrado con un poquito de pudor -como creo que lo haría el propio Constantin si él mismo contase su vida- y que, a pesar de las vicisitudes del protagonista, desprende alegría de vivir. Es una novela de esas que cierras la contraportada con ganas de haber sabido más. Me ha gustado mucho, Álvaro, muchísimo.

    • No sabes cuánto agradezco tus palabras Carmen. Las agradezco y las valoro aún más, pues no te descubro nada si te digo que me pareces una escritora como la copa de un pino, que me gusta mucho lo que escribes y como lo escribes. Y aciertas en tu comentario; le pegas en el mismo centro. Yo escribía la historia de Constantin y Constantin apenas tenía cuerpo y resultaba casi transparente. Y la causa era el pudor con el que estaba escribiendo. Podía desbarrar con muchas cosas, inventar sucedidos, podía dejar entrar a este o aquel personaje, pero con Constantin no me atrevía, era demasiado humano, quien era yo para meterme en su piel… Y entonces me di cuenta que la historia era precisamente esa. La de un hombre baqueteado por las circunstancias que, sin grandes aspavientos y con los recursos justos (los suyos), trata de mantenerse a flote. Que no tenía que ponerle ni quitarle nada, que solo tenía que seguir sus pasos, donde el viento lo llevara… Y sorpresa: resulta que, al final, Constantin es un autentico campeón. ¡¡¡Un gran abrazo compañera!!!

  2. Qué despiste el mío que no me había fijado en que tienes novelas publicadas. Gracias a un comentario de Carmen me he enterado y las he buscado, y están tan a la vista que no entiendo cómo no me di cuenta… supongo que es consecuencia de tener mil millones de cosas en la cabeza. O es que me centro tanto que pierdo ángulo de visión.
    Yo creo que las leeré siguiendo el orden cronológico en que las has escrito. Ya te contaré 😉
    Un abrazo.

    • Quizá a ti te pase lo mismo, pero experimento un gran pudor cuando alguna persona me dice que va a leer alguna de estas tres novelas y, al mismo tiempo, me siento halagado. El primer libro (“si viéramos con los ojos”) es eso: una novela primeriza, con todas sus virtudes y sus defectos. El segundo (“Nadie. Nunca. Nada”) es un ajuste de cuentas y un intento de ensanchar forma de narrar. La tercera (“Constantin”) es corta, sencilla y dulce – esto último en palabras de Carmen; claro que ella me tiene mal acostumbrado con sus halagos-. Bueno, pues eso: ojala te guste algo de lo que leas. Un abrazo Luna.

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