Fly

Para todos era Steve, sobrenombre al que se había hecho acreedor por su querencia casi reverencial hacia Steve Winwood (además de su música, le gustaba su aspecto, de ahí la caída de su melena y las camisas y pantalones ajustado que solía vestir). Un día Steve vino a mi casa con un disco debajo del brazo y me lo tendió; toma, me dijo, para que alucines un poco. Era de un tal Nick Drake y tenía por título “Bryter Layter”.

Eran los tiempos del vinilo –si bien entonces los llamabamos discos o LPs (ya sabes, del inglés Long Play)–, tiempo de aquellas redes sociales analógicas y de corto alcance tan imprescindibles entonces (uno se compraba el disco y, tras exprimirlo con sus cuatro sentidos –y hasta es posible que alguno conociera el roce del quinto– lo ponía en circulación como si lo acabara de grabar él mismo en su habitación).

Pero volvamos a Steve. Aparte de ser un gran tipo, era el epicentro de nuestra red social, el más activo de sus miembros, pues pinchaba discos en salas de fiesta y en pubs y frecuentaba determinados ambientes en la ciudad, lo cual nos permitía acceder a un material (en sentido amplio) que, de otra manera, posiblemente no hubiéramos podido obtener –en cierta ocasión le acompañe en una de sus salidas a la capital y…, no diré más sin la presencia de mi abogado–. También jugaba de defensa central en el equipo del pueblo (decían que tenía maneras de Beckenbauer, opinión que yo apoyaba con entusiasmo), lo cual nos abría la posibilidad de frecuentar otros círculos de relación y acercarnos, así, a otros tipos de música y a diferentes maneras de vivirla (aquellas voces entonando a coro el hit de Desmadre 75: “saca el güiski, cheli, para el personal…”; simplemente inolvidables. Por cierto, años después conocí a Seju, líder del Desmadre –hoy sé que es hermano del Gran Wyoming–, cuando hacia salsa con el Combo Belga y muy bien por cierto).

Hoy, como siempre que escucho Fly de Nick Drake, Steve llama a mi puerta de nuevo. Gracias amigo.

Fireside song

Genesis, Fireside Song

Genesis, 1969

Me cobija la suave luz de la lámpara alógena que alumbra en el rincón, mientras el piano que suena en el reproductor va preludiando el inicio de “Fireside song” de los primeros Genesis.

Me estiro, lanzo la mirada hacia la punta de mis pies, allí, a lo lejos, y sonrío dejando que la atmosfera me envuelva más y más, pues sería del género tonto resistirse a su influjo.

Y, puesto que la levedad cimenta el instante, me quedo quieto y apenas respiro (incluso aspiro mi propia sonrisa y la vuelvo hacia dentro).

Ahora, reclino la cabeza sobre el cojín treinta y tres grados a babor, la inclinación precisa para que las cosas que permanecen agazapadas en ella vayan cayendo, una tras otra, al suelo. Muy bien; ahora hay sitio suficiente para que la dulce voz de Peter Gabriel –“And as the peace descended all around”– ocupe su lugar…

Relato de una ascensión

Habitación con vistas

Habitación con vistas

Un objetivo se convierte en reto cuando pone en entredicho nuestras propias capacidades.

Precisamente por eso lo odiamos y lo queremos tanto.

Al principio, siempre: la pereza. Pues deberás abandonar el calor del saco para enfrentar el frio de la madrugada y el temor que te provoca la empresa a la que has de enfrentarte. Al principio, siempre: la voluntad.

Y, cuando te pongas en movimiento, el temor se irá retirando a su rincón empujado por el aluvión de acontecimientos que reclamarán tu cuidado: localizar la frontal, incorporarte y vestir las distintas capas de ropa, y ya estás en pie, y ahora tu atención se centra en el desayuno y luego, o antes quizá, deberás repasar la mochila, las cosas que llevarás y las que dejarás aquí, en el valle, el lugar que ocuparán en su interior, su peso, su volumen, su forma. Y, como posiblemente el frío aún te atenace, deberás ponerte en marcha cuanto antes. Entonces te sentirás mucho mejor.

Caminas en la oscuridad, o fuera de ella ya, acompasas la respiración al esfuerzo, y los pensamientos se acompasan, ellos también, al ritmo de tus pasos. Y es posible que sonrías entonces, pues si todavía no ha sucedido, no tardarás en disfrutar en el esfuerzo, sobre todo cuando los contornos de las cosas se tiñan de la sal de tu frente, sobre todo entonces.

Y te dejas llevar…

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Viaje en el tren de la Robla

La Robla. Si vieras con los ojosEsta es la crónica de un viaje en tren entre Bilbao y León que realicé en marzo de 2008 siguiendo el trazado que antaño recorriera el ferrocarril hullero de la Robla. Pero antes de comenzar, os proporcionaré algunos datos. Veamos.

Soy hijo de ferroviario –mi padre trabajó en la Robla desde 1944 hasta su jubilación, ya en la FEVE–, mi suegro fue maquinista de la RENFE y mi hijo jefe de estación –desde que pudo ponerse puso en pie y hasta que el maldito uso de razón barriera su inocencia, yo fui su ayudante, y puedo aseguraros que dimos la salida a cientos de trenes–. Te diré, además, que el paso de estos mismos trenes sirve de banda sonora a mis días y a mis noches –pues vivo junto a las vías y los telediarios son, en ocasiones, un puro sobresalto–. Por último, añadiré que por aquel entonces estaba escribiendo una novela–“Si viéramos con los ojos” se titula–, una de cuyas tramas transcurre durante la construcción, allá por 1891, del tramo de vía del ferrocarril de la Robla que va de Balmaseda a Espinosa de los Monteros. El viaje en tren formaba parte, entonces, del proceso de creación que estaba viviendo–.

Muy bien, ahora ya puedo exclamar: ¡viajeros, al tren!

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Salvador de Bahía

Salvador 1 (paseo)Dice Italo Calvino en su libro “Le città invisibili” refiriéndose a Zenobia, que resulta inútil clasificarla «entre las ciudades felices o entre las infelices» ya que no tiene sentido «dividir las ciudades en estas dos especies, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando forma a los deseos y aquellas en las que los deseos o bien logran borrar la ciudad o son borrados por ella». Pues bien, no hay duda de que Salvador (de Bahía) pertenece a la primera de estas dos especies. Y, para eso, para moldear los deseos, dispone de manos negras y pardas y blancas surcadas de venas y nervios, de esquinas y tendones.

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