De sonrisa amplia

De sonrisa amplia

Esta entrada contiene un recuerdo y un homenaje a nuestro compañero Etienne que se ha ido después de regalarnos su presencia durante todo el tiempo que estuvo entre nosotras. Como dice Tania Toral Esteban en un comentario en Facebook: «Siempre….”solo muere lo que no es recordado” y tu serás siempre recordado chaval! Un abrazo al cielo».

De tus amigos de Arrigorriaga Harrera: Betidanik, Etienne lagun.

Y ahora nuestro recuerdo:

DE SONRISA AMPLIA.

Había una vez una bicicleta, y sobre la bicicleta un ciclista.

El sol caía por detrás de las casas más altas. Otras veces, en cambio, caía una fina lluvia. Era el final de la jornada, el momento en el que podías encontrarte con él. Por el paseo del río. Y siempre era igual.

De mirada clara, como un limpio amanecer.

De sonrisa amplia, como el horizonte del mar.

De voz cantarina, como una espiral que asciende hasta lo más alto.

De ternura inmensa, como los vastos confines que preludian el fin del mundo.

La bicicleta en el suelo, y enseguida te envolvía el abrazo que te convertía en testigo y protagonista del milagro. Luego la despedida: primero cenar y luego a dormir. Así es la vida. Así son los milagros.

Había una vez un cometa que cruzaba mares y fronteras. Había una vez un emisario del sol.

Aquella ventana era tan estrecha que apenas contenía un poco de verdor y unos coches aparcados. Voy a salir. Voy a salir a repartir felicidad, dijo con la solemnidad que tienen las cosas ciertas. Y entonces la ventana se ensanchó y el cometa partió cargado de amor.

De amor claro, como su mirada.

De amor amplio, como su sonrisa.

De amor cantarín, como su voz.

De amor inmenso, como su ternura.

Era una luz brillante cruzando campos oscuros, era un soplo de brisa moviendo las cortinas del verano, era un faro cuya única tarea fuera alumbrar la felicidad en la tierra.

Así era Etienne. El enviado del sol. El hacedor de milagros.

¡GRACIAS A LA VIDA POR HABERNOS DADO TANTO!

BETI GURE BIHOTZEAN!

La montaña y sus caminos

La montaña y sus caminos

Foto de la web Life+ Sostenible proporcionada por Miguel Sabino Díaz y Mitxel Andreu.

Me gustan las montañas amplias de cumbre extensa, me gusta recorrerlas con las manos en los bolsillos, sin más intención que la de seguir mis pasos. Y casi siempre sucede lo mismo. Cojo un camino, al rato lo extravío, y me veo vagando entre barrancos. Perdido y despreocupado.

La montaña y la felicidad

La montaña y la alegría

Una aguja e hilo.

Un apósito para una rozadura.

Una caja de cerillas para encender el infiernillo (el mechero se ha mojado y no funciona).

Cinta americana para sujetar la suela de la bota.

El colirio en el botiquín.

Una batería de repuesto para la frontal.

Una pequeña libreta y un lápiz para apuntar esa idea que, de otra manera, se perdería.

La sencilla e íntima alegría que experimentamos al hallar en la mochila cosas como estas.