Presagio

Presagio

Escena de guerra. Francisco de Goya.

Veo un río de inmundicia corriendo calle abajo.

Veo un flamear de sábanas sobrevolando las callejas del barrio alto.

Veo un vacío gris de niebla entre los tejados.

Veo el olor a leña que esparcen las chimeneas por el cielo encapotado.

Veo el silencio de bronces y engranajes del campanario.

Veo el vuelo aparentemente errático de los pájaros.

Veo las corrientes de viento y su copiosa cosecha de plásticos y papeles, veo la marejada de los charcos, veo una flotilla de papeles y broza a punto de naufragar.

Veo el paso cansino de una vieja; dobla la esquina y se va.

Veo vidrios de botellas estampadas contra el suelo, veo regueros de meadas, veo el salpicón de un vómito incontenible.

Veo una paloma muerta y ya reseca.

Y pienso que estaba dormida (con un ojo abierto y con el otro cerrado), que ya ha despertado.

Y pienso que es una y es todas, que siempre es la misma.

Y digo que huele a mesa de operaciones y a letrina.

Y digo que duele a manos llenas.

Y digo que mata a manos llenas.

Y me acuerdo del poeta: “Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta / ¿no fue por estos campos el bíblico jardín?: / son tierras para el águila, un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín“.

Y me quedo callado.