I love Neil Young

I love neil YoungCae la tarde a pico sobre los campos amarillos del otoño. Las montañas a lo lejos son de oro y el aire es azul.

Allí está, recostada contra la colina, frente al riachuelo de plata que serpentea por el fondo del valle. Hablo de la casa cuyo granero aparece en la contraportada del disco “Harvest”. La he soñado tantas veces que la reconocería entre un millón.

La tarde se va apagando a toda velocidad. Ahora las montañas son azules, al igual que el aire. Hay una estrella en el cielo. Hace calor. Siento que algo nuevo está creciendo.

Lo sabes, ¿no es cierto?

Eres un corazón de oro tañendo tu Old Black. Eres un cañón tañendo tu Old Black. Eres un Piel Roja tañendo tu Old Black. Eres un huracán tañendo tu Old Black. Te necesitamos Tío Neil. Te necesitamos con tu Old Black. Os necesitamos por lo de siempre. Por lo de toda la vida. Por los cuatro muertos en Ohio. Porque llegaron con sus galeones y sus cañones, y el mundo conoció el odio y la guerra se adueñó de él. Porque no se puede seguir dando sin recibir nunca nada. Porque no podemos permanecer cruzados de brazos mientras la rapiña continúa imparable. Por la valla de Ceuta y por la de Melilla. Por el muro de Trump. Por todas las fronteras. Para seguir resistiendo en el mundo libre… Necesitamos un corazón de oro. Y un cañón. Y un Piel Roja cabalgando por las praderas. Necesitamos un huracán.

Si lo deseas puedes venir acompañado de los Crazy Horse y su aquelarre eléctrico. También vendrá Woody Guthrie con su máquina de matar fascistas. Y Jimi Hendrix me pide que te diga que si tú te animas, él también lo hará. Ya ves: esto nos concierne a todos, a los muertos también. Seremos multitud.

Por mil razones. Por mil canciones.

Somos el océano y no vamos a parar.

A mi manera. 1975

A mi manera 1975 (I)Me puse a mirar a uno y otro lado, luego clavé la vista en el suelo y al rato la levanté para recorrer los nervios que forman las bóvedas de crucería del techo. Me frotaba las manos, me sentaba sobre ellas y, cuando comenzaban a hormiguear, las liberaba y las apoyaba en el respaldo de la bancada de delante. Y vuelta a empezar. Estaba nervioso e impaciente, y un poco asustado también. Pues el concierto tendría lugar en la iglesia, allí donde se celebran los oficios religiosos y se escucha la palabra de Dios, cerca del altar, a pocos metros del lugar donde, un mes antes, había estado el ataúd con mi abuela de cuerpo presente. Me sudaban las manos.

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