Los pasos que acompaño

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Una tenue luz anuncia el nuevo día. Ahí está, siento el roce de tus pasos por mis primeras revueltas.

Me desperezo y, como de costumbre, recompongo mi identidad de camino con el recuerdo de los pasos que me han ido labrando. Los primeros llegaron arrastrados por el hambre y el viento helado que sopla del norte buscando su tierra prometida, luego, cuando esa promesa hubo germinado en los frutos de la tierra y el ganado, aparecieron los pasos de aquellos que venían a cosechar a sangre y fuego, y el mundo se fue poblando y le nació la historia y con ella surgieron los reinos y las naciones, entonces me fueron ensanchando los pasos de los peregrinos y el de los comerciantes, los de las comitivas del poder y sus ejércitos, el ir y venir de los contrabandistas, el de los perseguidos y el de sus perseguidores. Y ya, por fin, conocí otros pasos similares a los tuyos, los que ahora aguardo.

Los he reconocido al instante (a esta hora tan temprana no caben demasiadas dudas). Caminas solo y es como yo lo prefiero. De manera que acompaso mi ritmo al tuyo y, antes de alcanzar lo más alto del puerto, ya seré uno contigo. Y entonces, cuando las Maladetas y el esbelto Aneto (a la luz oblicua del amanecer) se suban a tu mirada y tiren de ti y tú atiendas su dictado, más que testigo, seré parte del sortilegio, pues sin mi concurso no tendría lugar.

Y te veré partir y te imaginaré sumergido en la montaña siguiendo el camino que tengas elegido: tal vez la concurrida senda, o la arista que ya habrás recorrido y que guarda para ti la revelación del reencuentro entre aquel que fuiste y el que ahora eres, o puede que hayas escogido la ruta solitaria y desconocida que te brindará el espejo en el que podrás reconocerte. En cualquier caso, te querré (y me disculpo por la licencia) franco y sencillo, lejos de la pomposa gravedad que tan mal combina con la montaña.

Y si hubieras decidido regresar por dónde has venido, tienes que saber que aquí estaré, esperándote. Uno contigo de nuevo, nos giraremos y clavaremos en la montaña nuestra incipiente nostalgia; será la más hermosa de las miradas.