La montaña y los detalles

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Abandono el vendaval que me arrastra y pongo pie a tierra y la siento firme bajo mis pies y me sonrío. Y aunque no sepa si huyo o persevero (en realidad, eso me importa un bledo), sé muy bien a lo que vengo.

Vengo a reencontrarme con el paso lento del tiempo (Tiempo mineral, meteoro; viejo amigo).

Vengo a desnudarme y a recorrer desnudo los detalles de las cosas, su concisa circunstancia. Pues aquí, en la montaña, hasta el más mínimo detalle cuenta.

Cuenta el vuelo de las aves y la hierba cobriza que mece el viento del otoño.

Cuenta la curvatura de una arista y cada palmo de su laberinto encantado.

Cuentan el color de cada nube y sus contornos.

Cuenta el olor del viento y cada esquirla de silencio.

Vengo porque nada de lo que haga o deje de hacer resulta aquí intrascendente.

Vengo para ver lo que veo y para no ver lo que no veo, ni más ni menos.

Vengo para sentir la sencilla y escueta realidad de las cosas que me rodean.

Para eso vengo.

La montaña y el silencio

La montaña y el silencio

Los cencerros del ganado sonando a lo lejos.

La lenta marcha de las nubes por el cielo.

El rumor de un salto de agua que llega regular y narcótico.

El viento que sopla suave y agita la tienda (me recuerda el batir de las olas del mar en un día calmo).

El canto de los pájaros.

El paso de las hojas del libro que estoy leyendo.

Los latidos de mi corazón.

Ecos del lento paso del tiempo, su hondo y denso discurrir.